Mi forma de vivir en adagio

El ritmo, en una canción, es el orden de las notas acompasadas.
Es, en el fondo, la forma en la que sentimos.

El sentimiento también tiene ritmos.
A mí, personalmente, me gusta disfrutar despacio, sentir despacio y crear despacio.
O, como lo llaman en música, me gusta el ritmo adagio.
Ese que no corre.
Ese que tiene sentimiento.

Trabajar en adagio es mi forma de sentir las porosidades de la madera,
de escuchar la historia que quiere contarme sin hablar,
o incluso esa otra que intenta ocultar.

Es dejar que las manos vayan delante de la prisa,
que el material marque el tiempo
y que el proceso tenga espacio para existir.

Vivir en ritmos lentos es darle peso a cada paso,
es implicarte de verdad en lo que haces,
es estar presente sin exigirte correr,
es elegir tu propio ritmo.

Quizá no todo tenga que ir más rápido.
Quizá algunas cosas solo se entienden cuando bajamos el volumen y escuchamos.

Yo sigo creando así, en adagio,
dejando que las manos marquen el tiempo
y que la madera diga lo que necesita,
sin prisas.


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