Cada estación me genera una sensación distinta. El verano me pide color, energía, ganas de explotar. Y pensé: frutas.
Siempre me ha gustado crear por estaciones, porque cada una tiene su propia emoción y su propio ritmo. Supongo que a ti también te pasa. Y cuando me puse a pensar en el verano, las frutas fueron lo primero que apareció. Tienen esa energía de querer nacer, de estar vivas, de dar ganas de algo.
Pero esta colección no es solo verano. Es la segunda parte de algo más grande.
Mi primera colección fue la de las flores. La primavera. La alegría, la luz, esa fertilidad que lo llena todo de sentido. Las flores son el principio de un proceso — el primer paso de una planta hacia algo.
Y este proceso tiene una segunda parte: el fruto. La crianza, la creación, la curación. El aprendizaje. El crecimiento. Eso que pasa cuando algo ha echado raíces y empieza a dar lo que tiene dentro.
Por eso esta colección tiene que llamarse Tutti Frutti. Porque es una mezcla de todo eso: crecimiento, aprendizaje, amor y creaciones. Una mezcla que sabe a verano pero que viene de mucho antes.
Y ya que estoy, os dejo una pequeña pista: esto no termina aquí. La planta tiene más fases, y las siguientes colecciones también las recorren. Poco a poco.
La sandía, el limón, la papaya, la cereza y la fresa llegaron así, cada una con su carácter, cada una dibujada a mano por mí, una a una. Porque si esta colección habla de crecimiento y aprendizaje, tenía que nacer también así: despacio, con cuidado, sin atajos.
La primera vez que la saqué a una feria, se agotó antes de que pudiera lanzarla online. Supongo que algo de esa energía se nota.
Lo que ves aquí es lo que queda. Ir a colección.